La profesora de física Fanny Arrese, integrante del Grupo de Astronomía Pampeano, confirmó que las rocas encontradas en la zona rural de Cuchillo‑Có, departamento Lihuel Calel, pertenecen al meteorito que iluminó el cielo pampeano el 13 de septiembre del año pasado. Tras casi un año de trabajo de campo y análisis de laboratorio, el equipo logró determinar que se trata del primer meteorito con órbita reconstruida en el país, un hito científico que ubica a este caso entre los apenas 75 registrados a nivel mundial.

Desde la caída del bólido, el grupo de investigación comenzó un exhaustivo rastrillaje apoyado en videos aportados por vecinos y en relatos de pobladores de la región, que permitieron delimitar la posible zona de impacto. En ese contexto se localizaron dos fragmentos: uno de entre 70 y 80 gramos, hallado por una familia del lugar, y otro de 90 gramos, encontrado por el propio equipo en el terreno. Ambos fueron estudiados en laboratorios de la Universidad de Buenos Aires y los resultados, conocidos en estos días, confirmaron que las piezas forman parte del mismo meteorito observado en septiembre.

Arrese destacó el rol decisivo de los dueños del campo donde aparecieron los restos, quienes autorizaron el ingreso de los científicos y prestaron el fragmento que tenían en su poder para que pudiera ser analizado. Recordó que, al caer en propiedad privada, el meteorito pertenece legalmente al titular del predio, por lo que sin esa colaboración la comunidad científica no hubiese tenido acceso al material.

La investigación determinó que la roca posee una composición típica de meteoritos metálicos, con entre 80 y 90 por ciento de níquel y hierro, acompañados por otros minerales presentes también en la Tierra. Su mayor valor, sin embargo, es su origen: se trata de material prácticamente inalterado desde la formación del sistema solar, hace unos 4.500 millones de años, lo que lo convierte, en palabras de la investigadora, en una suerte de “fósil de la astronomía”.

Según explicó Arrese, este caso se sumará al listado internacional de meteoritos con órbita determinada, donde hasta ahora sólo se reconocen 75 ejemplos en todo el mundo. Reconstruir la trayectoria implica conocer desde qué región del sistema solar provino, cómo ingresó en la atmósfera terrestre y en qué zona terminó impactando, información clave para comprender el origen y la evolución de estos cuerpos rocosos.

El fin de semana pasado, el Grupo de Astronomía Pampeano volvió a la zona de Cuchillo‑Có junto a un equipo internacional de especialistas para continuar la búsqueda de nuevos fragmentos, esta vez de entre 4 y 30 kilos, en un área más cercana a la sierra. Participaron cinco científicos de Uruguay, cinco de Buenos Aires y cinco integrantes del grupo local, mientras que investigadores de España e Italia colaboran en el cálculo de órbitas y en los modelos matemáticos que orientan el rastrillaje.

Pese a que en esta nueva campaña no se hallaron piezas adicionales, los datos recabados permitirán ajustar los modelos y redefinir futuras estrategias de búsqueda. El trabajo se ve dificultado por las características del monte bajo pampeano y de la vegetación, que complican la identificación de rocas atípicas en la superficie. Incluso drones equipados con programas desarrollados en Australia para detectar meteoritos arrojaron resultados erróneos, confundidos por bostas de vaca y cuevas de animales, por lo que el método más efectivo sigue siendo el rastrillaje manual, caminando en línea y separados unos cinco metros entre sí.

El protocolo que siguen los equipos consiste en avanzar a pie, con la vista fija en el suelo, en busca de rocas negras como el hollín o de color cacao oscuro, de hasta el tamaño de una pelota de fútbol. Cada posible fragmento es geolocalizado, fotografiado y sometido luego a análisis específicos para confirmar o descartar su origen extraterrestre.

Arrese subrayó también el aporte de la comunidad, cuyas filmaciones y grabaciones de aquel 13 de septiembre fueron esenciales para reconstruir la trayectoria del meteorito y definir las zonas donde concentrar la búsqueda. Sin ese material, señaló, hubiese sido imposible elaborar los modelos matemáticos que guiaron el trabajo de estos meses y que hoy permiten hablar de un caso único para la astronomía del país y de la región.

La investigación en Cuchillo‑Có continúa y el equipo se mantiene expectante ante la posibilidad de hallar nuevos fragmentos en próximos operativos de campo. La científica reiteró el pedido a cualquier persona que conserve videos o registros de cámaras de seguridad de aquella noche para que los ponga a disposición del Grupo de Astronomía Pampeano, ya que toda nueva imagen puede aportar información relevante para seguir reconstruyendo la historia de este meteorito.

Fuente Info Pico.