Un joven de 19 años fue condenado a tres años de prisión de efectivo cumplimiento por el homicidio de Néstor Hugo Fuentes, ocurrido el 20 de abril de 2025 en Victorica, provincia de La Pampa. El Tribunal Colegiado de la Segunda Circunscripción Judicial, con sede en General Pico, consideró probado que el acusado actuó en un estado de emoción violenta, luego de atravesar casi dos décadas de violencia intrafamiliar ejercida por la víctima.

Según la sentencia, aquella mañana de abril el joven salió a la vereda de la casa ubicada sobre la calle 24 de Victorica empuñando un cuchillo y desafiando a gritos a Néstor Hugo Fuentes, el hombre que lo había criado. Pocos segundos después, le asestó dos puñaladas profundas en el pecho que resultaron mortales. Cuando llegó la policía, lo encontró llorando, apuntándose a la barbilla con un fusil y repitiendo que iba a quitarse la vida, hasta que finalmente entregó el arma y le dijo a su madre: “Todo lo hice por vos, María”.

El fallo fue dictado en las últimas horas por los jueces María José Gianinetto, Marcelo Luis Pagano y Carlos Federico Pellegrino, quienes encuadraron el hecho como homicidio simple cometido en estado de emoción violenta. La pena, considerada baja para este tipo de delito, surgió de un acuerdo pleno entre la fiscalía y la defensa, que coincidieron en reconocer al joven no solo como autor del crimen, sino también como víctima de un prolongado contexto de maltrato familiar.

Durante el juicio se reconstruyó un cuadro de violencia sostenida puertas adentro del hogar. Testigos y pericias describieron a Néstor Hugo, conocido como “Pirincho”, como un agresor que ejercía brutales golpizas, humillaciones y un intenso hostigamiento psicológico tanto contra el joven como contra su madre, y que ya tenía una condena previa por violencia de género. Además, se acreditó que sabía que el muchacho no era su hijo biológico –algo luego confirmado por estudios de ADN forense– y que utilizaba ese dato para denigrarlo, al punto de prohibirle que lo llamara “papá”.

Vecinos y familiares declararon que el acusado era un chico dócil, reservado y considerado “ejemplar”, que desde muy temprano había asumido el rol de protector de su madre frente a los ataques de “Pirincho”. Los informes psicológicos resultaron determinantes: las pericias concluyeron que padecía un trastorno por estrés postraumático complejo y que había pasado casi toda su vida en estado de hipervigilancia, desarrollando mecanismos disociativos para soportar el abuso.

La mañana del homicidio, después de haber ingerido alcohol la noche anterior, el joven intentó irse de la vivienda en moto, pero Néstor se lo impidió con una nueva amenaza de paliza, lo que los especialistas describieron como “la gota que rebalsó el vaso”. De acuerdo con las psicólogas forenses, en ese momento colapsaron sus frenos inhibitorios en una suerte de “cortocircuito mental”: su psiquis, saturada por años de trauma, derivó en un pasaje al acto directo, impulsivo y sin capacidad real de reflexión o deliberación.

Al aplicar la figura de homicidio simple en estado de emoción violenta, la Justicia pampeana sostuvo que el accionar del joven fue el estallido trágico de un nivel de dolor y tensión considerados insoportables en el marco de la violencia intrafamiliar sufrida en Victorica. Con la condena a tres años de prisión efectiva, el caso se suma al debate sobre cómo responder penalmente a hechos extremos atravesados por contextos de abuso familiar prolongado en la provincia de La Pampa.

fuente infopico