Un changarín con antecedentes penales fue condenado por una violenta entradera cometida en mayo de 2025 en una vivienda de la ciudad de Santa Rosa, La Pampa, donde atacó a un jubilado de 72 años y a su hijo, y terminó siendo identificado por una prueba de ADN realizada sobre una zapatilla que perdió durante la huida.
El condenado es Javier Alberto Juárez, quien llegó a juicio oral acusado de robo calificado, tras irrumpir a la fuerza en la casa de Omar Assad, de 72 años, ubicada en la calle Duarte 308, con el objetivo de sustraer teléfonos celulares y relojes, entre ellos uno tipo Rolex. Rompió la puerta de entrada y sorprendió al dueño de casa, a quien golpeó en el rostro provocándole lesiones sangrantes, hasta que intervino su hijo, Facundo, y se produjo un violento forcejeo. Según se ventiló en el debate, el hijo logró inmovilizar por un momento el brazo armado del intruso, que portaba un cuchillo, pero Juárez consiguió zafarse y escapar, dejando en el lugar una zapatilla blanca marca Head que luego resultaría decisiva.
La investigación incorporó un estudio de ADN sobre ese calzado abandonado, que arrojó coincidencia directa con el perfil genético del imputado y terminó por comprometerlo de manera concluyente ante el tribunal. Durante los alegatos, la fiscal Leticia Andrea Pordomingo pidió una pena de ocho años de prisión efectiva, al subrayar la violencia ejercida contra un adulto mayor y la reincidencia del acusado.
En el juicio se analizó también el accionar policial en torno al arma utilizada en el asalto. El defensor oficial, Juan José Hermúa, acreditó que efectivos ingresaron sin orden de allanamiento al domicilio de la ex pareja de Juárez y le exigieron que entregara ropa del sospechoso y un cuchillo “por las buenas o por las malas”, motivo por el cual la mujer terminó entregando un cuchillo cualquiera tomado de un cajón.
Ante esa grave irregularidad, el juez de Audiencia de Juicio, Daniel Alfredo Sáez Zamora, declaró nula el acta de secuestro y excluyó el cuchillo como evidencia, al considerar vulneradas las garantías del debido proceso. Sin embargo, esa nulidad no alcanzó para desvirtuar la acusación principal: el magistrado sostuvo que la ausencia del arma física en la sala no anulaba el temor real sufrido por las víctimas. Apoyado en los testimonios coincidentes del jubilado y su hijo, en la recreación del forcejeo y en los relatos de vecinos, dio por acreditada la existencia y el uso de un arma blanca durante el hecho.
De este modo, el llamado “ladrón de la zapatilla” quedó finalmente condenado, en un caso que volvió a poner en primer plano el peso de la genética forense como herramienta probatoria y, al mismo tiempo, los límites que la Justicia marca frente a los excesos en los procedimientos policiales.
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