La Ferni es una persona trans no binaria, que comenzó su transición a los 28 años. En Cosquín no aceptaron que se inscriba a la categoría de “solista femenina” y cambió la historia del folclore argentino. Realizó una exitosa gira por España y comparte espacios LGTTBQI con peñas tradicionales de Santiago del Estero

Se llama La Ferni. No la llaman. Se llama. No es una forma de decir. Es como decidió que le digan. Es su decisión legal. El DNI, que estrenó en 2025, la identifica como mujer. Se considera una persona no binaria y femenina. A pesar de los discursos de odio los derechos permanecen. Su identidad es su elección.

Se pudo cambiar el documento y el pasaporte según su autopercepción y el derecho que le da la Ley de Identidad de Género, aprobada en el 2012. “Lo pude hacer perfectamente. Y la piba que estaba cuando fue la rectificación del acta de nacimiento me dijo ‘Ferni yo te sigo, soy tu fan’. Y se puso a llorar ella conmigo. ‘¿Te das cuenta? Vas a ser Ferni ahora en todas partes’, me dijo. Y yo no caía mucho, pero me emocioné”, contextualizó.

Tiene 35 años y es una de las voces más destacadas del folclore argentino. Lo de la voz destacada no es una forma de decir. Fue cantante lírica. Y canta sin necesidad de micrófono con una emoción que traspasa al público, con una transferencia mágica mientras los dedos se rozan y las miradas hacen ronda.

Cantar también es una forma de vivir, a dónde va canta sin enchufes, para muchos o pocos. Se aburre de hablar y canta. Se aburren los demás y canta. Canta como trabajo y como forma de vivir. Bailan y canta. Canta en asados, en Cosquín, en Santiago del Estero, en Casa Brandon, en una gira por Madrid, Barcelona y Mallorca, en España y en Rosario o Catamarca. La Ferni canta.

A los 28 años comenzó su transición. En ese momento era profesora de música del Liceo 9, el colegio secundario de la Ciudad Autónoma de Buenos Aries. “Un jueves a la mañana me desperté mucho más temprano para maquillarme, pintarme las uñas, elegir la pollera y fui al colegio con un tipo de expresión que la mostraba públicamente por primera vez”, relató.

“Fue muy hermoso y emocionante lo que pasó porque mis alumnos y alumnas me miraron. Se sorprendieron. Uno levantó la mano y yo dije ‘uy, se re pudrió todo’ y me dice ‘profe, ¿vamos a seguir con la consigna de la semana pasada?’ e inmediatamente pasaron dos minutos y me dijeron ‘profe, que linda que está’. Fue el primer abrazo que recibí”, valoró.

La transición como profesora fue un paso, pero con las chacareras y zambas fueron los pasos que se necesitan para saber bailar. “Empezaba a ser La Ferni pero cantaba folclore de pantalón y camisa porque sentía que para cantar (Atahualpa) Yupanqui no le podía faltar el respeto”, repasó. “Pasaron ocho años y veo a la distancia y pienso que el problema era que no tenía ningún tipo de ejemplo, o tenía ningún tipo de espejo en el cual mirarme”, repasó.

-¿Cuál era tu búsqueda?

-Yo me estaba feminizando, pero con mi barba y buscando el tipo de expresión desde el vestuario y con los matices de mi vocalidad.

-¿Qué expresa tu voz?

-Si me escuchan tengo una voz profunda, trabajada, que hasta roza lo lírico, grave y, por momentos, también voy hacia otros matices más asociados al mundo de la femenino. Yo todo eso lo sentía, formaba parte de mi propuesta y de mi identidad como cantora, pero era muy difícil asumirla porque no sabía que se podía hacer así.

-¿Cómo te reinventaste sin imitar lo que conocías?

-Marlene Wayar (activista travesti) dice que una es la primera obra de arte a construir. Me parece que es muy lindo eso. Después vamos deviniendo, nunca hay que ser estático. Me dejo sorprender a mí misma y abrazo los cambios. Pero bueno, aparecen cosas que van perfilando para un lugar. A mí la expresión no binaria me gusta. Forma parte de mi identidad correrse del género, y por ende, abrazo esta idea de lo trans, del no ser varón. Me gusta mucho tener pelo largo y barba, cantar folclore y estar maquillada.

-¿Cómo generás tus elecciones estéticas?

-Hay algo de lo personal. Es importante esa brújula y darle bolilla a ese radar. A mí no me gusta cómo queda mi cara sin barba porque me delinea y me hace un marco. Me parece interesante con los labios rojos carmesí. Me encanta taconear y con lo no binario se forme una expresión más ambigua. Me abracé mucho a la idea del uso del pantalón, de la camisa. Antes capaz sentía que restaba.

-¿Cómo es tu historia familiar?

-Es muy linda porque es una historia de mucho amor y de una familia que me ha proporcionado los nutrientes para ser quien soy. Mi mamá (Elizabeth Garaglia) y mi papá (Oscar de Gyldenfeldt) son filósofos y docentes de la educación pública, se conocieron estudiando en la Universidad de Buenos Aires (UBA), son de la clase media trabajadora, no me faltó, por suerte, la comida y, además, hubo nutrientes de cultura. Mi tía (Graciela) es cantante lírica y también mi hermana gemela Luchi. Los libros y la música nunca faltaron.

-¿Cuánto influyó tu familia en tu vocación artística?

-Mucho porque eran melómanos y había cantantes, pianistas, guitarristas, intérpretes de comedia musical, actores, actrices, escritores y pintores.

-¿Cómo fue la recepción de la transición?

-El proceso es interno y, después, una lo manifiesta, lo exterioriza. Pero fue con mucho amor. Con mi familia de parte materna fue más rápido, con mi padre fue más largo el proceso. Por eso a mí me emociona mucho que me acompañó en mi primera gira en Europa. Fue una gran expresión de padre que se quedó conmigo durante varios meses para acompañarme y eso habla de un hermoso devenir en el vínculo. El desenlace hacía el respeto y el compañerismo es hermoso. Me dijo: “¿Cómo me voy a perder la primera gira de mi hija?”. En Barcelona se me acercó una mariquita llorando diciendo “me emocionó mucho lo que dijiste de tu papá”. Creo que en su accionar puede también servir como ejemplo lindo para otras personas porque alguien de 75 años, de otra generación, que vivió el proceso, que vivió cosas muy dolorosas en la Argentina, puede aún, a su edad y con todo lo que vivió y con los paradigmas que le formaron el pensamiento y los sentidos, decidir también sacudirlos.

FUENTE INFOBAE.