Gisela Zeballos (32) trabajó como instrumentadora quirúrgica durante una década. En 2021, después de perder a un cachorro que había rescatado, atravesó un duelo profundo y silencioso que la llevó a replantear su vida. Hoy acompaña a personas en uno de los momentos más delicados y menos nombrados del vínculo humano-animal: la muerte.

Fue en el año 2021. Gisela Zeballos rescató a una perra callejera sin saber que estaba embarazada. Poco tiempo después nacieron ocho cachorros. Uno de ellos, llamado “Choco”, vivió apenas dos días; comenzó con síntomas y murió por parvovirus. Tras su partida, Gisela sintió que el mundo se le venía abajo y sufrió síndrome de burnout.

Mientras transitaba el duelo, se sintió incomprendida: “No quería contar lo que me pasaba porque cada vez que lo hacía me lo minimizaban… me dolía muchísimo”. En internet halló el Animal Death Café, un espacio emocional para quienes atraviesan el duelo por la muerte de un animal, y allí descubrió la comunicación interespecies, practicada por la terapeuta Olga Porqueras, de Portugal. Fascinada, se formó con ella; en 2022 dejó su trabajo como instrumentadora para acompañar a personas en el final de vida de sus mascotas.

En un país donde el 75 % de los hogares considera a su perro o gato como un hijo, su tarea disruptiva invita a repensar cómo convivimos y nos despedimos de ellos.

Sobre su labor explica que es una “comunicación de corazón a corazón”, similar a cómo una madre reconoce el llanto de su bebé. A veces recibe imágenes, olores o sensaciones físicas; en otros casos, palabras telepáticas. Una vez identificó un tumor en un perro por sensaciones estomacales durante una sesión.

Los motivos por los que la contactan incluyen enfermedad terminal, búsqueda de animales perdidos o problemas de comportamiento. Las sesiones suelen ser online; la primera parte es en diferido, luego hay devolución por videollamada. Gisela también utiliza flores de Bach y técnicas corporales. Es clave, según ella, formarse éticamente y ofrecer un servicio completo.

En casos terminales explica a las familias que se puede consultar al animal su deseo con respecto a una posible eutanasia, y propone cuidar que no se lo humanice en exceso: “Morir dignamente es algo que nos merecemos todos, incluso los animales.” Sugiere crear un ambiente tranquilo, con luz tenue y sonidos suaves.

Cuando hay niños envueltos, suelen expresar su vínculo a través de dibujos y flores. Gisela acompaña las emociones de la familia y escucha la comunicación del animal.

Entre sus consejos para familias en duelo destacan: entender que los animales no perciben la muerte como los humanos, ritualizar la despedida (altarcito, vela, carta), y guardar los objetos de la mascota cuando se esté emocionalmente listo. “La muerte, para los animales, es algo muy sagrado. Para ellos y para nosotros.”

También acompaña a personas con mascotas perdidas. En el 99,9 % de los casos el animal no está perdido, sino que se fue por alguna razón. Utiliza técnicas como péndulo y comunicación para encontrarlo; en un caso logró que un gato que estaba atrapado en un techo se dejara ver.

En situaciones de enfermedad terminal, recibe mensajes de calma y tranquilidad del animal. Con mascotas fallecidas recuerda detalles íntimos, como jardines plantados o momentos concretos. A veces transmite mensajes que reconfortan a los tutores: “Quiero que él sepa que no alucinó”.


Fuente: Infobae.com